No es muy joven y desde luego no es mayor. Se oye su voz del todo intempestiva muy cerca de mí, unos taburetes más allá. La música está alta, el bar bastante oscuro. No llego a ver con quién habla, hombre o mujer:
"Probablemente sea interesante volver a recordar -y volver a callar- y decir para recordar -pero eso únicamente en los corrillos confesionales de las jóvenes; demasiado doloroso, en este tiempo incluso más que en otros, para las que ya no pueden llamarse así, de modo prematuro y cruel e injustificable- que permanece, en estos días, intacto el deseo de un amante de naturaleza divina -es decir, diabólica- que las tome, para llevarlas al otro mundo -el que se franquea con los ojos entornados y los labios hinchados, púrpuras y temblorosos".
Estos días.