sábado, 2 de agosto de 2014

Fragmentos de "Charlas y entrevistas anónimas brevísimas", por XavierBari.

 
Plaça del Mercadal, agosto 2014 (Vic)
Entrevista realizada al vencino de terraza durante el desyuno.
[...]
"Es muy curioso, me he pasado la vida con un sentimiento de terror, yo diría que un terror gigantesco, absoluto, ante las muchísimas muertes que he visto a mi alrededor. Ha sido algo que siempre me confundía y me procuraba un desasosiego profundo, una pena inmensa, ya fueran amigos o desconocidos, aquí y en cualquier otra parte del mundo. Y la muerte de los que quieres o has querido, en fin, de eso no puede hablarte ahora...(silencio), pero ahora, sin embargo, aquella tristeza que era como una niebla porque parecía alcanzarlo todo, como si la niebla entrara en tu casa y se abriera paso en todas las habitaciones, ahora ha desaparecido por completo. No sé, tal vez te estoy mintiendo. Tal vez, ahora que la mía ya no puede estar lejos, siga con miedo, pero son tantos los días en que la deseo, y la verdad es que ya nunca me perturba con aquella fuerza colosal de antes.
Ya, ya sé que tu ves algo hermoso en eso. Pero debo decirte que aunque resulte consolador para ti -y desde luego para mí- no creo que sea nada bueno. Es como dejar de sentirse algo valioso. Ese es el precio del consuelo".

jueves, 31 de julio de 2014

BREVE SOBRE "PODEMOS" Y ELECTORADO CATALÁN.


Después de la primera gran movilización del 11 de septiembre, apunté tres razones a tan clamoroso éxito: la crisis económica que menguaba lastimosamente las cotas de bienestar de las clases medias catalanas, las constantes afrentas de los gobiernos del Estado y la alegría que llevaba en volandas a todas esas gentes con el único discurso positivo que nos llegaba de la tan denostada política. Naturalmente, las tres iban unidas, pero consideré que la principal era la última contextualitzada por las dos primeras -la irrupción de la ilusión en medio del descrédito institucional y el inmovilismo-. Eso sí era un hecho diferencial.A la vez, tras la publicación de las encuestas de El Pais, en que "Podemos" se postula como segunda fuerza en Cataluña en unos comicios al Congreso, se hace incluso más evidente que ahí estaba la clave. No se trata tanto de un empuje independentista como de la necesidad de aire fresco, de la construcción de un discurso que devuelva la atención a los intereses de la castigada ciudadanía con la promesa de reformar la casa desde los cimientos.
Con todo, ninguna propuesta podrá obviar dos aspectos. 1) En el transcurso de estos tres años se ha desplazado el centro político del eje sobiranista. 2) El protagonismo de esa translación pertenece a ese enorme cajón de sastre que llamamos clases medias.
Por estas razones, "Podemos" deberá entender que tienen un amplio campo de acción reformista siempre que acepten los límites que imponen los miedos de un sector mayoritario de ese electorado que es de natural tan conservador en sus pulsiones como alèrgico a todo lo que suene a ideologia; y que deberán de ofrecer una respuesta convincente en torno a la consulta del 9N.
Con todo, hay que señalar que ambos requisitos están en su "pal de paller" retórico: más democracia. ¿Sabrán contener lo que les pide un cuerpo que hunde raíces en lo troskista-leninista?

miércoles, 23 de julio de 2014

ALGUNOS POCOS DÍAS

 
Avanzado junio 2014.

I

Definitivamente establecer un criterio crítico razonable no es tan complicado; sólo me interesan dos formas de arte (y literatura): el que nace de la temblorosa consciencia de que el animal humano ha de morir y el que da la espalda a esa certeza para recrearse en la alta orfebrería. Curiosamente muy a menudo coinciden, pero mucho más curioso es aún que la mayor parte de la producción estética contemporánea no pertenece a ninguna de las dos.
No es el caso de Don Delillo. En él, la convergencia no es total, pero un relato como "El ángel esmeralda", pertenece -sin ningún género de duda- a la primera categoría.

II
Telenoticias mediodía. Una señora de Horta se muestra ante las cámaras estremecida por las nuevas rutas turísticas por los barrios de Barcelona. Ha descubierto que los turistas nipones la miran como si viviera en las favelas de Río, y de paso, que esa mirada no es muy diferente de la pròpia cuando sestea viendo documentales de Masáis en la televisión nuestra.
 

III
Hace pocas semanas que hemos dejado atrás lo que la gente del país llama "frío de verdad". Mi cuerpo anda todavía timorato al abrirse paso entre los primeros calores. Una excursión a Barcelona siempre me resulta conveniente antes de zambullirme en el verano, puesto que ahí el clima es infinitamente más amable que en mi "ciudad de provincias con mercado". Ayuda a hacer la transición, puesto que en el interior carecemos de primavera, y mis contracturas agradecen las transiciones. Más en estos tiempos.  Además, me gusta Barcelona porque agradezco pasear rodeado de desconocidos y convertirme en uno de ellos, aun y a riesgo de convertirse en multitud. La multitud, no es algo a lo que yo, generalmente, haga ascos. Claro está que no me agrada el llamado "turismo de masas" que se ha apoderado de todo el centro de Barcelona, pero no me engaño en el sentido de que sé que formo parte de esa misma marea cada vez que tomo un vuelo low cost para visitar alguna capital europea. 
Otra cosa es la avidez consumidora que se lanza con ese espíritu deportivo tan característico de nuestra época contra las tiendas y comercios como un río desbordado que todo lo anega, creando un sin fin de meandros y afluentes artificiales que inundan los bajos de los edificios al menos hasta la Diagonal. Pero el ocio intransitivo de escaparates se encuentran en todas partes y es compartido visitantes y autóctonos. Eso que hace que Benidorm sea una bendición para tres cuartas partes de la población europea senior no es algo exclusivo de Barcelona. 
Luego está -ya lo sabemos- mi rigidez de cadera y los doloridos tobillos, nada avezados a la finta, al slalom, la carrera de obstáculos. No puedo sortearlos muy bien, y debería avanzar con una disculpa permanente en la boca a la vez que impongo un paso regular, indiferente, nada gentil. 

Hoy la excusa ha sido el teatro -ya hablaremos en otro momento-. ¡Qué lástima que el teatro termine tan tarde! Qué difícil comer algo decente al terminar la función, aunque sea cerca de las Ramblas, la calle que no duerme. 

No hay que confundir las nostalgias benignas con los odios del presente. Es lógico que los que alguna vez nos hemos sentido barceloneses añoremos la ciudad de antes. Todos disponemos de un almacén de tiempos pretéritos. Hay muchos y para todos los gustos, y es que resulta muy complicado sustraerse al mito de la caída. Se trata de una alegoría poderosa, más incluso que las muchas religiones particulares que la interpretan, cada cual con sus instrumentos. Y es poderosa, precisamente, porque todas lo comparten. De hecho, lo contienen de un modo fundacional. Diría que es algo estructural en la experiencia de la construcción de la identidad. Es uno de los mitos que más claramente satisfacen una necesidad psicológica universal: si el desastre que me rodea es accidental, entonces hay una posibilidad de resarcirse. Sin caída no hay redención; sin redención toda religión es un juguete inútil; y sin juguete metafísco no hay identidad. ¡Hay que tenerlos como un toro para decirle al enfermo terminal que no hay esperanza ni horizonte; mucho mejor pensar que los humanos, como los miura, pacen estrellas, si no aquí, en el más allá.  
Mi caída tiene una cronología precisa en la expulsión de los bosques sagrados y geométricos del Ensanche. Su mitología se adentra en el barrio de Gracia y las calles más luminosas del Raval; tiene paradas en los cines Verdi y Renoir; cenas frugales con copa en Salambo, escapadas al teatro, varietés en el Llantiol, visitas a Llovet en el CCCB y la pizarra de platillos del Portolés.


domingo, 13 de enero de 2013

UN CUENTO MORAL


La mañana del 26 de febrero de este mismo año, tres o cuatro horas después de que los empleados municipales apagaran el alumbrado público a pesar de la oscuridad de un día tan encapotado, y mientras la nieve seguía fundiéndose en charcos de agua sucia bajo la creciente afluencia de viandantes y tráfico rodado, un perro, un gato y una zarigüeya llamados, respectivamente, Tim, Guau y Resuello se reunieron en el bar de la esquina, con el propósito de discutir cuál de los tres sería, llegado el caso, mejor amante -o mejor y más conveniente compañía, si la Fortuna se aliaba con el transcurrir de años y rutinas-, para una ratita movediza, pizpireta e indiscutiblemente sexy que merodeaba por el barrio de unos días a esta parte.
Obviamente, Tim, Guau y Resuello -nombres de pila al capricho de sus propietarios- acordaron, antes que nada, hablar tan larga y pacientemente como fuera necesario, para que así cada uno pudiera exponer sus argumentos y razones, de tal modo que todos se hicieran una idea cabal de la situación en su conjunto, y atendiendo a los particulares explicaciones sin menoscabo de detalles. Al fin y al cabo, la felicidad de la ratita, y de uno de ellos, se decidiría en el devenir de la querella. Por eso no querían obviar ningún punto de vista ni discriminar ángulo alguno, por marginal que pudiera parecer. Este planteamiento de inicio, se inspiraba en las buenas intenciones con que todos acudieron a la cita, en la medida en que delata que todos confiaban en que, con este proceder, alguno de los tres rivales se decantaría -llevado por el buen juicio y después de sopesar los pros y los contras- por la idoneidad de uno de los otros dos, y en detrimento –sea dicho- de los propios intereses, permitiéndoles resolver la cuestión en una primera ronda de votaciones. Tim, por contravenir las opiniones manidas que atribuyen bonachonería a los de su especie, pensó en comenzar arguyendo que fue el primero en verla. Pero eso era algo que, sin ningún género de dudas, Guau se tomaría como un terrible agravio, herido en su orgullo de cazador diligente e implacable. ¡Maldita sea, cómo se atreve a refregarme en los bigotes el descuido de mi audacia! Mejor no comprometer la buena sintonía con golpes bajos en el orgullo del felino. Entonces el argumento bien podría volvérsele en su contra y, irreversiblemente, perdería su simpatía y, con ella, todo probabilidad de ganarlo para su causa, llegado el momento decisivo. Así que empezaron dubitativos y cautelosos, y a las primeras de cambio, un asunto generó ya singular polémica y les puso sobre aviso de que no encontrarían fácil solución a tan civilizada riña: estuvieron largo rato enfrascados en la evaluación de la seguridad de la ratita. Pero si Guau se relamía los bigotes era sólo por un acto reflejo característico de todos los de su especie, y el gesto no guardaba relación alguna con la interesada, porfió. Aquí fue donde Resuello intervino por primera vez confiado en que tal vez sí hubiera un brecha o un resquicio de oportunidad para su candidatura. Quiso sacar a colación y traer a la memoria la autoridad de los clásicos y mencionó a Esopo (aunque en honor a la verdad, la fábula de la rana y el escorpión es de autoría dudosa y aún fuente de disputas erúditas). Resuello se había mostrado tímido hasta el momento y en justicia a los hechos, puedo avanzar que, con todo, y después de unos pocos intentos fallidos de mostrarse más resuelto -y, por momentos, lucir donaire bravucón, que a todos extrañó-, su actitud disimulada remitió, porqué, como es bien sabido, resulta muy difícil de oponerse a la naturaleza de carácter que a cada cual gobierna. Sin embargo, todos reconocían que eso era parte de su encanto. Su fragilidad y cortesía, pudieran perfectamente ser aliados en la última curva, si pasaban las horas y las horas al mismo y fatigoso ritmo con que la nieve volvía a caer y insistentemente caer, más allá de las cortinas corridas del reservado donde se habían aposentado para no ser molestados por nadie.
Caía la nieve mansamente, y ellos continuaron así horas y horas, y whisky tras whisky. Al anochecer, llevados por el desánimo, el agotamiento y los excesos etílicos, habían probado con toda suerte de método; aunque sin mucho convencimiento y conscientes de un resabio de fracaso respecto a sus juiciosas intenciones iniciales, lo habían intentado a los dados, habían lanzado monedas al aire –aunque por voluntad de la aritmética en ningún momento se pusieron de acuerdo sobre la justa organización de las fases clasificatorias del certamen-. Lo intentaron, incluso, abriendo la votación a los otros clientes del bar –teniendo, entonces, que replantear y volver sobre los acuerdos, bases y estatutos que habían ido consolidando a lo largo de los lentos minutos en disputa y alerta- pero siempre aparecía una descuerdo, una objeción, algún matiz nuevo que, en opinión de alguno, invalidaba la tentativa.
Probablemente, aquella insistencia en encontrar una solución de consenso que satisficiera todas las partes, o al menos, mitigara el fracaso de los dos que inevitablemente se verían orillados del final de anises y perdices, obedecía a que les había tocado vivir en tiempos que transcurrían amables. Sí, sin duda aquellos eran tiempos benignos de mimos, caricias y galletas dietéticas para mascotas, cuando no chucherías de formas insospechadas y atractivos colores y aromas que eran la envidia de los niños de la casa. Con todo y con esas, algún que otro rumor habían oído de que algo en el signo de la historia estaba cambiando. Corrían voces, advertencias y tal vez noticia o leyenda de que no era necesario retroceder demasiado en el tiempo para recuperar la memoria de días en que no se discutía que, al caer la noche y al caer la nieve, y la noche otra vez, "las más bellas sonreían al más fiero de los vencedores". Persistieron y aquella noche cerraron el bar. Justo cuando casi el día empezaba a ganarle esquinas a la noche, y los empleados municipales salían de sus camas, salieron ellos por la puerta –no sin dificultad y después de apartar la nieve que la taponaba- abrazados y borrachos. Así deambularon un rato más. Aún y tambaleándose de un lado a otro de la calle, se resarcían de los tropiezos sin soltarse, y al levantar cabeza, casi espontáneamente, en un resuello recóndito encontraban fuerzas para empezar cantar fragmentos de canciones regionales, de zarzuelas o de habaneras que no terminaban nunca, ya fuera porqué desconocían el final, o lo olvidarán al momento o porque otra cancioncilla o tarantela irrumpía en su memoria sin darles tiempo de terminar la primera. De esta manera, avanzaban hacía el alba con esa camaradería tan propia de los que se pertenecen mutuamente. Aun y su aspecto fantasmal y astroso, era un gozo verlos en tal comunión. Irradiaba su satisfacción, la hermandad que les confería el consenso, haber dado con la solución después de vencer las dudas, las ambigüedades, las aceptadas desconfianzas. Exudaban los efluvios de un éxito incontestable entre los humores alchólicos. Avanzaban juntos con su definitiva y trágica solución apoyada en la confirmación que uno a otro se prestaban. Todo quedó concertado para ese mismo amanecer ya tan cercano. Justo a la salida del sol, en el callejón y para la cuál acordaron abolir cualquier norma, regla o fineza. Tan hartos y exangües estaban ya de tanta humillación bienhechora.

viernes, 11 de enero de 2013

FUEGO


Recuerdo que nos fuimos de la cala de La Creu y regresamos apresuradamente a mi casa provisional para seguir las noticias. Cerramos las ventanas porque el humo de los árboles calcinados llegó hasta l'Escala. Lo he recordado ahora que en poco más de quince días se cumplirán seis meses de los incendios que arrasaron buena parte de l'Alt Empordà. El caso es que mientras el país veraneaba, sufrimos viendo como las llamas se extendían hasta los límites de los bosques de la Garrotxa azuzados por el viento del norte. La televisión captó imágenes aéreas cargadas de impotencia; nos convirtieron en incapacitados testigos de una desbandada humana que se arrojó a los acantilados de la carretera de Colera. La gente abandonaba los vehículos para alcanzar el mar y huir de la emboscada ardiente que los circundaba. Como recordarán, el final fue trágico.
Recuerdo que, un par de días después, fuimos a visitar el paisaje calcinado. Entonces viví como un estúpido dilema la conveniencia de comprar unas botellas de vino de Capmany. Pero eso fue entonces. Y me doy cuenta de que no ha sido la onomástica ni el deseo de homenajear a las víctimas el principal motivo para releer unas notas de aquellos días en mis diarios. O tal vez sí. O más bien ha sido eso junto con otras varias circunstancias. Tal vez haya contribuido la sublime manifestación de la naturaleza devastando Australia y la hecatombe de ovejas merinas. De todos modos y en primer lugar, me ha sorprendido la presencia escasa del fuego en las anotaciones de entonces.
En todo caso, al revisarlas me pareció que si vienen a cuento ahora, ya entrado en 2013 y voy a recuperarlas. Ustedes verán si les parecen pertinentes.
El incendio está ahí, como telón de fondo y es cierto que -aunque yo no sea muy amigo de las alegorías- ya en eso momento la desgracia se nos ofrecía con todos los ingredientes para representar simbólicamente los tiempos de penurias que nos han tocado en suerte. Soy consciente que las recupero convertidas inevitablemente en metáfora. Metáfora y sobretodo elegía, más de una. Y es que no puedo disimularme el estupor ante aquella felicidad culpable que ahí se filtra y que por intensa parece antigua. Desde los días más invernales de este enero, desde la decrepitud del cuerpo doliente amenazado por el frio, he leído las notas como un oráculo de la desaparición del verano en el invierno, y también de la nítida visión de la desaparición de una determinada idea de Europa. Eso sí estaba ya entonces. Lo digo, como un fuego que iba a devastarlo todo. 


L'Escala, 29 de junio 2012. 

"A veces uno sospecha que un breve ejercicio de retrospección puede alumbrar algún territorio oscuro de la vorágine estúpida que llamamos "actualidad". Desde la terraza cada día más coqueta y culpable del bar Medusa de l'Escala -magnífico mirador del Alt Empordà ardiendo en panorámicas de cielo rojo y rodeado de gente que no puede ser más guapa y estupenda (aunque al menos yo no tiro fotos)-, estuve ayer leyendo uno de esos libritos también coquetos y culpables que La Central edita, Una aventura llamada Europa, de Z. Bauman. Se trata de la recopilación y zurcido de tres breves charlas que el filósofo líquido dio hacía el año 2004.
Bauman denunciaba por entonces que la deriva que la Unión Europea había tomado de Maastricht a esta parte hacía del todo imposible que Europa siguiera realizando una de sus funciones tradicionales: ser foco de expansión no sólo de barbarie postcolonial sino de civilización, "pero si estos tratados (entiéndase Maastricht, Lisboa...) son el equivalente moderno de la Declaración de los derechos humanos, de la Independencia nord-americana o del Manifiesto Comunista, más vale no hacerse demasiadas ilusiones respecto al siguiente capítulo de la aventura europea y su destino/vocación de ser fermento universal de la libertad y la democracia". Ciertamente, también los tratados posmodernos son culpables, aunque poco coquetos.
No me alargaré comentando tan patente ironía. Naturalmente cualquier observador del 2012 se percatará de que Europa no es "fermento de libertad y democracia" ni para sí misma. Italia presidida por una burocracia ajena a las urnas y el BCE con cotas de poder política nunca antes manifiestas con idéntico descaro son sólo los casos más flagrantes. Y sin embargo, lo que Europa significa en la historia de las ideas civilizadoras no puede desdeñarse. Ahora, en el momento decisivo, es cuando deberíamos recuperarlas para confrontación. Deberíamos porque este tsunami llamado crisis pone sobre la mesa un conflicto entre modelos políticos. La creciente liberalización de mercados convertidos en dogma político frente a la constatación socialdemócrata -y la memoria europea- de que el modelo asiático y la banalidad productiva de Wall Street nos han llevado al desastre por la vía de la desigualdad. Obviamente es verdad y hay que subrayar que el eurocentrismo tampoco es nada coqueto si se atiende a la historia de abusos pertrechados desde la superioridad militar, económica y tecnológica con los que hemos avasallado y explotado el corazón de las tinieblas. Sin embargo sí es bastante seductora en cuanto a ser la cuna de la cultura entendida en un sentido crítico. La Europa que alaba Tony Judt es el resultado de una larga evolución crítica en la que se entremezclan la necesidad de sobreponerse y protegerse de las amargas experiencias de lucha cainita en el continente y de la permanente presencia del pensamiento humanístico como base de prestigio de toda institución intelectual, política, educativa y social. En ningún otro lugar del planeta, la humanidad se concibió a sí misma como objeto problemático sujeto a la indagación constructiva -poética-. Ese es nuestro principal patrimonio. En Platón o Sócrates aprendimos que la cultura es un producto sin fundamento ex machina; que la cultura es una práctica sustentada "únicamente" en el diálogo -tanto interno como con el enemigo- en el pensamiento desprejuiciado. El ejemplo primogénito y esencial lo encontramos en los trágicos griegos y su capacidad para poner en la picota al conglomerado social ateniense. La tragedia consiste en ponerse a una mismo como colectivo social en escena para someterse a juicio ciudadano, autoinculparse y proponerse redención en nuevos sueños dorados y resurrectos en la Antártida. Crítica y proyecto. Pensamiento y poesía. Los limites imprecisos de lo que con posterioridad hemos llamado literatura clásica. Y Así hasta el humanismo y la Ilustración, pasando por Montainge, Voltaire y los laberintos kantianos de la paz perpetua. Así hasta Heidegger y la paradoja de que Europa tuvo que inventar o construir la idea de cultura a pesar de que lo propiamente humano -de esta rara especie que el lenguaje atraviesa- no es otra cosa que comprender un mundo anterior a nosotros y en perpetua mutación. Incertidumbre y construcción, esos son los principios fundacionales de los relatos míticos. También, claro está, del mito de Europa. Les hago memoria. La historia es tan bella que no temo aburrirles y además, la cuento en un plis:

"Cadmos emprende el viaje para encontrar a su hermana, Europa. Zeus la ha raptado disfrazado de toro ensortijado y pacedor de estrellas. En Delfos el oráculo nada le aclara, como es costumbre en gente guapa y coqueta, pero le ofrece un consejo: antes que buscar a la hermana -que no aparecerá- más vale que no agote sus fuerzas y las emplee en construir y fundar Tebas, la una nueva ciudad".

Europa no se encuentra, se construye. Dice el oráculo que no aceptemos el dogma. Lo otro es posible; yerra Rajoy cuando dice que carece de alternativa. Si podemos atribuir algún sentido a Europa, este se encuentra en su carácter constructivo, antinostágico, y a la vez alejado de la certezas. Una invitación a la aventura: la invención de la cultura y la política. Un lugar que nos pertenece y que debiéramos querer exportador y, aún, ejemplo. Un lugar muy lejano de ese que nos propone Alemania y el partido liberal europeo. Porque el que estos últimos proponen se asemeja más a la China que a Grecia. Y cuando digo China, estoy pensando, también, en ese taller del Eixample barcelonés donde los hombres y mujeres dormían bajo una tricotosa, agradecidos por el trabajo, secuestrados por esas divinidades misteriosas que llamamos mercados".


Repito, resonarán esas líneas como una elegía. Pero en el sueño de la devastación romántica y su estética de lo sublime hay siempre un resquicio para el alba de la regeneración. El fuego siempre ha sido, en la imaginación popular, liquidación: derrumbamiento, pero también purificación. Así que la metáfora es incompleta. No hemos saldado ni una cuenta. Sigue el títere con cabeza y como buen fantoche se pavonea sin ocultar ni una vergüenza. Escribí que el rescate blando era, a la vez, una suerte y un pesar. Nos alejaba, momentaneamente, del destino fatídico de Atenas, pero perpetuaba a los responsables del modelo económico de quienes hoy se largan a compadrear en la compañia Telefónica o similiar. Aun y el fracaso anunciado de las políticas de austeridad, con ese panorama incluso entiendo los escrúpulos de la Europa pudiente. Yo también tengo remilgos. Pero el estribillo tambien se canta del revés. Sería un año antes, no sé si en el Medusa o en el Café de Mar -es decir, frente al vermut o el desayuno- cuando advertí el auspicio de la desgracia en los sueldos menguantes de la Alemania de la plena ocupación. ¡Es la noticia más significativa del año! grité a mis ponderados y educados compañeros de terraza. Hoy, se confirma que el compromiso del gobierno Merkel con la gran banca nacional amenaza el norte con la recesión. Y eso sí es, seguramente, lo que me ha hecho recordar. La lógica implacable y nada paródica del eterno volver en esta nueva Europa en que la expiación no corre a cargo de los causantes y los cínicos. Eso sí estaba en mis notas y eso sí lo he recordado hoy, por ejemplo, a propósito de la infructuosa irresponsabilidad con que hemos construido la primerísima red de ferrocarriles de alta velocidad del mundo. Contenían también la crisis moral de la política que en los periódicos de hoy escenifica Duran y sobre quien Puigverd en la Vanguardia augura triste redención: "Saldrá del atolladero, pero quedará como un emblema de la vieja política. Una vieja política que la ciudadanía irritada por la crisis y asqueada por tantos chanchullos odia profundamente. Duran no podrá sacarse el estigma de encima. El tiempo es un gran escultor de la desmemoria, sí, pero la crisis ha inaugurado un tiempo nuevo".

Yo tengo mis dudas razonables. Observo indicios de renovada solidaridad ciudadana, pero no una regenerada cultura de la necesidad política. Veo lejano aún el día en que la mayoría discrimine entre el descrédito de esta clase política que Puigverd apostilla como vieja y la urgencia de una politización de la ciudadanía. En los asuntos públicos, no veo finiquitada la edad de la indiferencia política. El fracaso de un proyecto de trescientos años no se solventa en un lustro, y mucho me temo que a las penalidades continuadas les suceda el agradecimiento hacia cualquier forma de populismo presentada como Orden frente al Caos. Berlusconi ya amenaza con volver.
Y faltan meses para regresar al mar. Reconozco que vivo de prestado en el calendario estacional.

 

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20130111/54360764677/antoni-puigverd-duran-y-los-viejos-tiempos.html#ixzz2Hg2CLpW8

sábado, 29 de diciembre de 2012

NAVIDAD


Dios existe, como bien sabrán si en alguna ocasión han entrado en un museo, han hecho cola entre turistas y palomas en la Piazza San Marco; si se han casado o han asistido al bautizo del bebé de algún pariente ni siquiera cercano. Ningún otro monumento humano ha levantado tantas piedras, ni ha hecho correr la misma sangre. Mis amigos con hijos han recogido musgo y recortado estrellas de papel de envolver. Seguimos leyendo novelas porque aprendimos que los libros son sagrados y de alguna manera encierran verdad. Verdad que, de tanto en tanto, revelan o más bien insinúan. De dónde procede esa experiencia, a menudo libresca, de habernos acostado arropados por la ingenua intuición de haber comprendido algo -una brecha tal vez de entendimiento- y despertar en la evidencia de la futilidad, del infatigable resbaladez con que colean las respuestas del ser. La crítica es un invento rabínico y paleocristiano.
No se puede entender fenómeno cultural alguno desde el escritor de la Biblia hebrea hasta Houellebecq sin conocer el implacable dominio de lo religioso en la historia de las mentalidades y sus infinitas variaciones representativas. Resulta incluso improbable explicar, con vocación lógica, el trazo precario y a dedo del perfil de un caballo en la profunda oscuridad de las grutas de Gargas o Altamira sin acudir a la dimensión religiosa que contiene la vocación humana.
Dios, sus apócrifos y sus comentaristas son el fenómeno universal que habita en lo más profundo de lo que compartimos todos aquellos que pertenecemos a la especie. No hay civilización, por muy exiguas o opulentas que sean sus condiciones, que no haya alumbrado la idea y haya renunciado a su dimensión transcendente. Si Dios no existe, ya me dirán qué merece ser nombrado como tal -como existente- en este mundo que es todo fluir, todo mudar, perecer. Incluso en la nuestra, con su inflamable individualismo, el memento mori acuclilla individuos escolarizados en los gimnasios y en los aparadores iluminados de Hermes. Sin dioses no hay pertenencia, no poseemos identidad. Los ídolos no se negocian. Y yo ni tan siquiera les revelaré los míos. Tal es el celo del aprecio que les tengo.  

Y con todo, es probable que estemos ante un cambio de Era. El transmutar de un mundo a otro casi en nada parecido, aunque sea herencia del primero. Tengo para mí que cerramos ciclo de no menos de tres siglos y no creo siquiera que estemos en condiciones de vislumbrar por el cerrojo de la puerta los perfiles del que vendrá. Me atrevo a afirmar que el sueño de los humanistas que concretó la Ilustración acabó en la Edad de la Indiferencia -el último giro de la historia de los buenos copistas, Bouvard y Pécuchet- es, ahora, solo ruinas tras las alas del Ángel de la escolarización universal.  La humanidad ya lee y sigue sin ver. No veo en la fe que el pedagogo deposita en los soportes informáticos el umbral de un nuevo mundo; solo fastos fúnebres y liquidación de la última observancia ritual. Un mundo de dioses minúsculos, a escala de los destinos del egoísmo y en que las redes sociales se me antojan capítulo postrero o epílogo del "Diccionario de los tópicos" del buen Flaubert, prescriptor de nuestra modernidad.  Observo la euforia en las tiendas de Apple del planeta, veo acumularse ensayos sobre la interfaz digital, pero percibo estos fenómenos como máscaras sobre tristes esperanzas en lo que ya certificó su fracaso. No son el alumbramiento de un nuevo hombre, sino la última paródia del Ángel del progreso. Fe para olvidadizos. Un trasunto más de la modernidad en la postmodernidad.
Desconozco si mañana lo religioso persistirá y de qué manera. Solo lo sospecho. Nuestra época ha visto languidecer las catedrales de occidente. Pero sospecho, a la sombra del fracaso Rosseau, que no ha sido agnosticismo, solo amnesia. En nuestro mundo de liquidación, en todo caso, se experimenta como si los dioses principales  andarán en acaballas, en paciente y secular espera de la defunción de los escasos feligreses ya mayores. Pero siguen coleando, y a la barbarie de la incultura suele seguirle el temor. Por si acaso, me gustará asistir al desenlace; perderse esos estertores no es digno de un hombre con un mínimo proyecto de cultura. Creo que me pasaré por la iglesia de la esquina. Natividad, renacimento; no me digan que no es como para echarse a llorar. El más grande relato jamás contado. El mío es un agnosticimo concienzudo.

 

lunes, 24 de diciembre de 2012

TOT ESTÀ CLAR


Avui Mario Draghi diu que alguna cosa ha canviat als països del sud, als territoris de la disbauxa permanent. Assegura que cal observar símptomes que indiquen que la situació vira cap a una sensible milloria. D'aquesta manera, amb italiana finesa, s'apunta a justificar els programes de desmantellament de la socialdemocràcia per part del Partit Popular europeu a España, Itàlia i Grècia. El dolor ocasionat per l'austeritat és col·lateral i necessari. També una purga, penitència, expiació. La terminologia teològica resulta pertinent ara que la infal·libilitat dels Mercats assoleix la categoria de religió a escala planetària. Són inefables i hermètics, alhora que incontestables. L'hegemonia del discurs és, a hores d'ara, total. Contra qualsevol indicador -atur, pobresa, protesta i fractura social- Draghi s'afegeix veladament a la idea que la direcció és la correcta i, consegüentment, justa.
Resulten especialment significatives les dues dades que assenyala per argumentar, contra pronòstic, l'optimisme del Banc Central: les exportacions augmenten i s'ha millorat la competitivitat. Tot assenyalant-les, aixeca el vel de Maya per mostrar-nos quins plans té la Troika per a Europa. Potser caldria agrair a Draghi que s'hagi expressat amb tanta claredat. Per acabar d'afinar i ajustar-se a la veritat, tant sols manca algun detall. Però gens irrellevant. Això és que aquests dos índex no haurien de considerar-se de manera aïllada. Les comes, les conjuncions i les elisions són vitals. Draghi ha obviat els silencis i els connectors que articulen els arguments del pensament. És aleshores que es revelen les intencions: que és la rebaixa dels costos de producció -obtinguda amb la precarització del treball i l'augment de la desocupació- el que millora la competitivitat. Al seu temps, aquesta s'afavoreix l'augment de les exportacions. Y les exportacions, en les quals tot ho confiem, constitueixen el nus gordià del programa mai dissenyat. La conseqüència implícita no pot ser altra que la renúncia -ara explícita- al mercat intern, atès que de consumidors n'hi pot haver a qualsevol altra banda.
Mai fins ara un dirigent europeu ho havia dit tan clar. El preu que cal pagar per recuperar l'economia general i obtenir un PIB més amable és, paradoxalment, la misèria i l'increment de la desigualtat interna. Girem la mirada cap a l'Àsia amb un doble objectiu: trobar els compradors que aquí ja falten i aprendre del seu model estructural. La primera corrent de pensament sociopolític que genuïnament pertany al s.XXI: Democràcia i Mercat no estan irreversiblement units. Així, és clar, ja no cal l'artefacte ideològic que més eficaçment ha garantit l'extensió del benestar fins el moment: les classes mitjanes. En el mateix concepte hi habita la virtut de la redistribució. A Occident, la disminució de la desigualtat ha estat sinòmin d'estabilitat i de pau social durant el darrer terç allargassat del segle vintè. Després de l'enfondrament, en les dues guerres grans, dels anys pacífics de l'aburriment i la seguretat de Zweig, Europa va construir d'entre les runes l'estabilitat socialdemócrata. Mai ha tingut bona premsa. Sempre sospitosa d'ensopiment. En tot cas, perfectible. De l'hemisferi animal, territorial, conservador, desenes de milers de vots per a Reagan, Thatcher, Aznar aquí. I avui, una caricatura del liberalisme recorre Europa, i diu quelcom sinistre; alguna burla com que la competitivitat del país serà a costa de la competitivitat del país. Botiguers del món, alceu-vos!