viernes, 12 de septiembre de 2014

AGOSTARSE: Fragmentos de "Charlas y entrevistas anónimas brevísimas" II, por XavierBari.

La Platja, finales de agosta 2014 (L'Escala).
En el banco frente al Medusa. Sigo sin estar seguro de si se olvidó de que estaba conversando conmigo.

[...]
"Mi recelo -por llamarlo de alguna manera- empieza hace ya algunos años. Imagínelo. El día había sido magnífico, unos de esos días que el verano obsequia escasamente. Cuando cae el sol me acerco hasta la playa del pueblo. Primero me siento en uno de los bancos del paseo que hay a escasos metros del agua y permito que toda esa sensualidad del ocaso se apoderé de mí. Después, como cada día a esa hora, me doy un baño e intento nadar un poco. ¿Se da cuenta? Podía percibir como la dificultad aumentaba de una semana para otra. Tal vez no fuera así, pero podía percibirlo de todos modos. ¿Entiende eso?... Entonces regresé a la toalla, aquí mismo donde estamos ahora. No me había secado y apenas recuperado el aliento cuando le veo avanzar del todo indiferente a la temperatura del agua hasta que el escaso oleaje sumerge sus muslos. Luego extiende durante un instante los brazos en cruz para levantarlos inmediatamente sobre la cabeza en un ágil continuo de zambullirse en el mar. Desaparece unos buenos segundos debajo del agua y reaparece seis o siete brazadas adentro. Llegará hasta las rocas que yo alcancé con apuros, pero él sin esfuerzo, ni lucha; él sin aprieto, ni ahogo ni duda. Pero no es sólo que carezca de esfuerzo. Mejor sería decir sin consciencia -espontáneamente no es la palabra-. Simplemente cumple un mandato del cuerpo, únicamente sabiendo que es bello su gesto sin tener que pensarlo. El cuerpo resbala por esa agua de aspecto aceitoso, almibarado. Sólo al verse desplazada por la facilidad de sus brazos se muestra acuosa y enteramente líquida de nuevo, frustrado el engaño de manchas solares moteadas sobre la superficie tranquila que tiende a esta hora hacia el negro. Es una apariencia metálica, un oscura plancha de reflejos cobrizos ligeramente ondulada por manos invisibles y olímpicas. Finalmente ha llegado y de nuevo es la espuma que levanta su cuerpo la que revela la presencia del mar bajo ese cielo invertido. Al serle tan fácil encaramarse a las rocas, se hace evidente cuan necesario resulta envolverlo en venenos, tenderle una trampa de laberintos de espejos. Hoy aún es verano y el mar se ha encargado, pero pronto seremos nosotros quienes deberemos hacer por proteger las camas de las jóvenes madres y las hijas hermosas. Sin consciencia estética, el niño arrasaría con todo. La naturaleza es indomable. Hay que separarle del mundo con un manto de miedo y extrañeza. Es imprescindible que se haga preguntas y se mire al espejo. Hay que procurarle el terror de verse a sí mismo en el mundo. Cuando le veamos observarse las ondulaciones del pelo en el reflejo de los escaparates podremos dormir tranquilos. Es urgente que todo deje de ser en él natural".